Había una vez hace muchos años, antes de que el hombre llegara a la tierra, una isla donde vivían todos los sentimientos y razones con las que el hombre movería el mundo.

Cuando llegó el momento esa pequeña isla empezó a hundirse y todas esas emociones cogieron sus barcos para repartirse por el mundo. El amor, entristecido por el abandono espero hasta el último momento para embarcar cuando descubrió que su barca estaba rota y apurado pidió ayuda.
La vanidad que tenía un gran barco contestó; “-Amor, no puedo llevarte porque estas mojado y podrías manchar mi precioso yate”

La tristeza que miraba desde lejos pensaba; “-!Oh amor¡, me gustaría llevarte pero me siento tan triste que necesito viajar con mi soledad”.

La felicidad estaba tan emocionada en comenzar su aventura que ni siquiera escuchó los gritos de socorro que el amor pedía desde la orilla.

El amor se echó a llorar y cuando pensaba que todo estaba perdido un señor mayor lo tomó en brazos y le susurró; “-Tranquilo, yo te llevaré conmigo”.

El amor se sintió tan aliviado que de su boca no pudieron salir las palabras e incluso se olvidó preguntar al anciano su nombre. Cuando llegaron a tierra firme el amor quiso agradecer al anciano haberle salvado, pero este ya se había marchado.

El amor necesitaba saber quien había sido su salvador y le pregunto al conocimiento quien había sido su salvador, este le contesto sin dudarlo ni un segundo; “- Fue el tiempo quien te salvó”, dijo sin dudar ni un segundo.

El amor se quedó extrañado ya que nunca había oído hablar de el, y nuevamente pregunto al conocimiento “- ¿El tiempo?”. Este, sonriendo le contesto; “-Si amor, el tiempo… sólo el tiempo es capaz de entender lo grande que es el Amor”.
Hoy te regalo una caja vacía para los ojos de un verdugo y no es porque no te quiera. La he llenado de besos para ti para que mañana cuando me eches de menos puedas coger uno y de esta forma recordarme.

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